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Dependencia emocional: la nueva esclavitud del siglo XXI

marzo 21st, 2018 | Posted by fcabello in Formación

En España se declara dependiente emocional el 49.3% de las personas entrevistadas y en su versión más severa el 8.6%, siendo mas frecuente en mujeres. El cuadro presenta una incidencia en personas jóvenes de 16 a 31 años del 24.6%, donde el 74.8% son mujeres y el 25.2% hombres. Con estas cifras bien pudiera pensarse que constituye casi una epidemia.

Con esta introducción daba comienzo la charla inaugural de las V JORNADAS DE ACTUALIZACIÓN EN SEXOLOGÍA CLÍNICA organizadas por el Instituto Andaluz de Sexología y Psicología y cuyo texto completo se puede leer a continuación y está publicado en el libro cuyas referencia es la siguiente: Cabello, F. (2017). Dependencia emocional en la juventud: la nueva esclavitud del siglo XXI. En M.A. Cabello, M.A., F.J. Del Río y F. Cabello (Eds.) Avances en Sexología Clínica. (pp. 207-213). Jérez de la Frontera: Sotavento.

Cada vez son mejor conocidas las dependencias, con y sin sustancias (drogas, juego, trabajo, comida, Internet, etc.), siendo de relevante importancia las calificadas como dependencias sentimentales[1],[2],[3],[4]. La excesiva confianza emocional hacia otra persona, la falta de confianza en sí mismo y la falta de autonomía han sido analizadas por diferentes investigadores con el nombre de dependencia emocional[5], que ha sido definida como un patrón crónico de demandas afectivas insatisfechas que llevan a la persona a buscar desesperadamente satisfacerlas mediante relaciones interpersonales estrechas.

Se caracteriza por una exageración patológica de aquellos comportamientos y actitudes que se presentan en el contexto de las relaciones de pareja, y donde la persona busca, de manera desesperada, colmar una serie de demandas afectivas insatisfechas, mediante el establecimiento de vínculos estrechos y desequilibrados. La vida sólo se concibe dentro de una relación afectiva, en la cual, la otra persona es considerada como la fuente de satisfacción de necesidades emocionales[6].

La dependencia conlleva una fuerte la ansiedad ante la idea de separación y la búsqueda constante de expresiones y demostraciones de afecto por parte de la pareja, además de una gran sensación de inferioridad[7].

En jóvenes universitarios con dependencia emocional también se han puesto de manifiesto las anteriormente citadas preocupaciones acerca del abandono, ansiedad sobre la disponibilidad de sus cuidadores, problemas con la cercanía y la intimidad, además de dificultad para resistir la presión externa y alteraciones en la identidad y en la regulación del afecto, así como menores niveles de autoconfianza[8],[9].

Este tipo de personas pierden su identidad y asumen posiciones de subordinación, con el fin de mantener el afecto y aprobación de su pareja[10], presentado las siguientes características según Castelló[11]:

  • Baja autoestima.
  • Temor a la soledad.
  • Comportamientos vinculatorios excesivos.
  • Idealización de la pareja.
  • Fuerte sumisión en las relaciones de pareja (no necesariamente en otros tipos de relaciones).

Lemos y Lodoño7 durante la construcción y validación del cuestionario de dependencia emocional, resaltaron los siguientes factores en este tipo de personas:

  1. Ansiedad de separación, preocupación excesiva y persistente por la posible pérdida y separación de una figura vincular importante. La ansiedad por separación genera y refuerza las pautas interpersonales de dependencia, la persona se aferra demasiado a su pareja, le asigna significados y lo sobrevalora, lo percibe como necesario para vivir feliz y en calma, y como la opción directa para no sentir la angustia que le genera la soledad.
  2. Expresión afectiva, necesidad del sujeto de tener constantes expresiones de afecto de su pareja que reafirmen el amor que se sienten y que calme la sensación de inseguridad.
  3. Modificación de planes, el cambio de actividades, planes y comportamientos debido a los deseos implícitos o explícitos por satisfacer a la pareja o a la simple posibilidad de compartir mayor tiempo con ella.
  4. Miedo a la soledad, es necesaria una relación de pareja para sentirse con seguridad y en equilibrio, de tal forma que la soledad es vista como algo terrible.
  5. Expresión límite, la posible ruptura de una relación para el dependiente emocional puede ser algo tan catastrófico por su enfrentamiento con la soledad y la pérdida del sentido de vida, que puede llevar a que el sujeto realice acciones y manifieste expresiones impulsivas de autoagresión, relacionadas con las características de la persona con un trastorno límite de la personalidad.
  6. Búsqueda de atención, se tiende a la búsqueda activa de atención de la pareja para asegurar su permanencia en la relación y tratar de ser el centro en la vida de la otra persona.

Aparecieron diferencias de género con puntuaciones superiores en las mujeres en expresión afectiva de la pareja y miedo a la soledad, y puntuaciones mayores en hombres en búsqueda de atención, no hallándose diferencias en ansiedad de separación, modificación de planes y expresión límite7.

Otros autores no encuentran un claro perfil diferencial entre hombres y mujeres, si bien los varones dependientes son más buscadores de sensaciones y son más hiperestimuladores, mientras que la mujer dependiente afectiva emplea más mecanismos de negación y no-afrontamiento, siendo tendente a creer que no hay ningún problema en la relación, elaborando una conciencia de problema nula o distorsionada[12].

Entre los adolescentes a diferencia de los adultos, predominan la modificación de planes y la expresión límite12.

Una característica importante de las personas dependientes emocionales es la facilidad con la que incurren en distorsionar la realidad, de hecho se han encontrado diferencias significativas con respecto a los no dependientes en 13 de las 15 distorsiones evaluadas: filtraje, pensamiento polarizado, sobregeneralización, interpretación del pensamiento, visión catastrófica, falacia de control, falacia de justicia, razonamiento emocional, falacia de cambio, deberías, falacia de razón y falacia de recompensa divina. De todas estas distorsiones cognitivas que facilitan la dependencia emocional, dos mostraron un mayor poder discriminante: los deberías y la falacia de control[13] (mantener reglas rígidas y exigentes sobre como tienen que suceder las cosas y creerse responsables de todo lo que ocurre a su alrededor o bien en el otro extremo se ven impotentes y sin que tengan ningún control sobre los acontecimientos de su vida[14]).

Por si no fuera poco el sufrimiento crónico que acompaña la vida de la persona dependiente, es frecuente la aparición de episodios de depresión mayor ante una separación o divorcio, y cuando la relación de pareja va mal, siendo los hombres más fuertemente afectados que las mujeres por los episodios depresivos[15].

La probabilidad de aparición de un trastorno depresivo mayor se ha establecido entre 10 y 25 veces más alta que en la población no dependiente[16] y también se ha asociado con mayor número de suicidios[17], además las relaciones interdependientes están asociadas a altos niveles de respuestas agresivas por parte de la pareja de la persona dependiente[18].

Tanto malestar ocasiona que, para algunos autores, la mitad de la consulta psicológica se debe a problemas ocasionados o relacionados con dependencia patológica interpersonal, principalmente con la pareja[19].

En España se declara dependiente emocional el 49.3% de las personas entrevistadas y en su versión más severa el 8.6%4, siendo mas frecuente en mujeres[20]. El cuadro presenta una incidencia en personas jóvenes de 16 a 31 años del 24.6%, donde el 74.8% son mujeres y el 25.2% hombres[21]. Con estas cifras bien pudiera pensarse que constituye casi una epidemia.

Con vistas a su prevención y mejora, resultaría de suma importancia establecer cuales son las causas que provocan la aparición de una dependencia emocional.

Algunos autores hablan de una alteración de los esquemas adaptativos tempranos21 que según Young[22] se elaboran a lo largo de la vida y son estables, duraderos y resistentes al cambio, habiéndose demostrado que las personas dependientes emocionales presentan una mayor puntuación frente a las no dependientes en las variables: “Desconfianza/Abuso” (sensación de que sus necesidades afectivas nunca serán satisfechas, perciben hostil su entorno y cuando sufren daño en la interacción piensan que es intencional por parte de los demás o consecuencia de una injustificada y extrema negligencia, por este motivo los jóvenes dependientes emocionales nunca están seguros de tener una relación estable y fiable), “Abandono”, “Insuficiente Autocontrol” (creencia de que existe dificultad para manejarse a sí mismo, tolerar la frustración y limitar los propios impulsos y emociones, generando una clara evitación de lo que pueda generar incomodidad, dolor, conflicto, esfuerzo, responsabilidad, etc.), “Deprivación Emocional” y “Vulnerabilidad al Daño y a la Enfermedad”21.

Otros autores basan la dependencia emocional en el constructo “diferenciación”, término desarrollado por Bowen[23],[24] y se refiere al grado en el cual un individuo es independiente emocional del entorno familiar en que se desarrolla. Según estos autores, al nacer, el neonato no puede diferenciarse entre la madre y él mismo. Conforme va creciendo se independiza física y socialmente, convirtiéndose progresivamente en una persona por sí misma.

La diferenciación se ha utilizado para describir los patrones de interacción familiar que, en mayor o menor medida, regula la distancia entre los miembros de la familia y ayuda a equilibrar la individualidad y la intimidad. La dependencia emocional sería una forma patológica de diferenciación.

Los seguidores de esta teoría a modo ejemplo sugieren que “una persona diferenciada es una mujer que viviendo su proceso de divorcio, en lugar de reaccionar de manera impulsiva demandando a su esposo o poniendo a sus hijos en contra de él, decide tomar esa situación de manera racional respetando las decisiones del esposo y permitiéndole ver a sus hijos las veces que se pueda”[25].

Otros estudiosos del tema sugieren que las personas con dependencia emocional poseen un perfil cognitivo distintivo por el cual interpretan los hechos de manera diferente, orientados a cubrir sus necesidades emocionales insatisfechas6,26 . En este sentido en una investigación con más de 500 personas dependientes se encontró un perfil cognitivo caracterizado por un esquema desadaptativo temprano de “desconfianza/abuso”, creencias centrales “paranoides” y “dependientes”, poca capacidad de afrontamiento e importantes distorsiones cognitivas[26].

Es de destacar una interesante propuesta, basada en la experiencia clínica, de Mansukhani, quien establece la existencia de dos variables a la hora de establecer los vínculos, la regulación del yo (autoregulación y coregulación) y la seguridad. La autoregulación sería la capacidad de entrar en calma por estrategias propias y la coregulación consistiría en conseguir la calma a través de la relación con otros. Por otro lado la seguridad tendría dos niveles la capacidad de tener seguridad en situación de soledad y/o la seguridad obtenida en un contexto de relación con otras personas. La interacción de las variables daría lugar a los distintos tipos de vinculación[27].

Dejando sin referenciar otras muchas aportaciones sin soporte empírico, que tocan tangencialmente la teoría del apego con diferentes nomenclaturas, cabe centrarse en los estudios que relacionan distintas modalidades de apego con la dependencia emocional. Así, Norwood refiere que la dependencia se debería fundamentalmente a la existencia de un patrón de apego ansioso[28], eso mismo se puso de manifiesto en una muestra de psicólogos con apego ansioso ambivalente en el Reino Unido[29]. No obstante, los diferentes estudios sobre el apego han ido evolucionado y configurando unos estilos más diferenciados y flexibles que los que en su día propusieran Bolwy[30] y Ainsworth[31], por lo que se podría determinar que habría mayor predisposición a entrar en dependencia emocional, especialmente en la adolescencia, cuando se tiene un estilo de apego de tránsito dependiente, situación que se ve favorecida por unos padres que no han favorecido la autonomía del menor por un exceso de proximidad. El miedo es una de las variables relevantes en este estilo que afecta a entre un 14 y un 26% de la población, siendo el doble en mujeres que en hombres[32].

También van a resultar proclives a la dependencia quienes tienen un estilo de apego ambivalente resistente o temeroso, cuestión que acontece entre un 12 y un 17%, y al igual que en el caso anterior, con mayor proporción en mujeres y que se caracteriza por gran facilidad para comunicar pero con la persona enganchada al pasado y a emociones negativas, de hecho el rencor es la clave de la relación32.

El apego temeroso que supone entre el 6 y el 11% de la población se da en menores cuyos progenitores tienen fuertes conflictos emocionales y no aceptan la forma de ser de su descendencia, ni se comportan adecuadamente como cuidadores32.

El apego desorganizado (entre el 4 y el 8%) que es mucho más frecuente en hombres, se caracteriza por una vinculación donde la violencia y el maltrato son la base de la relación con un alto componente celotípico32.

Estás formas de vincularse van a ser proclives a unas relaciones de pareja con características de dependencia, pero con casi toda seguridad serán más los factores que intervengan en el proceso. No se debe olvidar por ejemplo el papel, poco estudiado por cierto, de la biología en la formación de los vínculos.

No hay lugar en este capítulo para profundizar en el lugar que ocupa la oxitocina en la formación del apego y su relación con el efecto de custodia y pertenencia propiciado por la vasopresina. Ambas hormonas, producidas en la neurohipósifisis, junto con el sistema cerebral opioide y en general los circuitos de recompensa, configuran la bioquímica de los vínculos afectivos, obviamente siempre influenciables por los aspectos socioculturales.

No se debe olvidar que en la sociedad actual de un predominio laico y con unos valores poco fundamentados, la relación de pareja y más concretamente el amor se ha convertido en la polar que ilumina el destino, lo que propicia que al establecer un vínculo en el sentido que los “media” proponen, las personas se agarren como a un clavo ardiendo y el amor fácilmente se convierte en lo que poéticamente se denominaría “los amores que matan”.

Desde la ciencia y muy específicamente de la sexología hemos de investigar en todos los aspectos que están contribuyendo a que cada día la dependencia emocional sea más frecuente, con el fin de poder detener está lacra que se ha convertido en un nuevo modelo de esclavitud.

REFERENCIAS

[1] Alonso-Fernández F. Las otras drogas. Madrid: Temas de Hoy; 1996.

[2] Echeburúa E. ¿Adicciones… sin drogas? Las nuevas adicciones (juego, sexo, comida, compras, trabajo, Internet). Bilbao: Desclée de Brouwer; 1999.

[3] Moral MV. Epidemiología y evaluación de las dependencias afectivas: Acerca de una interpretación psicosociológica del placer voluptuoso de Artemisa. Ponencia presentada al I Encuentro Profesional de Dependencias Sentimentales o Afectivas. Libro de resúmenes (pp. 8-15). Madrid; 20 enero 2006.

[4] Sirvent C. Clasificación y sintomatología diferencial de las dependencias sentimentales y coadicciones. I Encuentro Profesional sobre Dependencias Sentimentales. 20 de enero 2006.

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[9] Bornstein RF, Geiselman KJ, Gallagher HA, Ng HM, Hughes EE, Languirand MA. (2004). Construct validity of the Relationship Profile Test: impact of gender, gen- der role and gender role stereotype. Journal of Personality Assessment 2004; 82(1): 104-13.

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[11] Castelló, J. (2002). Tratamiento de la dependencia emocional en la mujer. II Symposium nacional de adicción en la mujer. Instituto Spiral. Madrid: 13 y 14 de diciembre. Recuperado el 30 de abril de 2004, de http://www.institutospiral.com/ cursos%20y%20seminarios/resumenes/Jorge%20Castelló. htm

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[32] Loizaga F. Tipos de apego-attachment relacionales y estilos de vínculos familiares. Cuáles son, cómo se manifiestan y cómo han sido adquiridos. En Loizaga F. Ed. Evaluación del apego-attachment y los vínculos familiares. Madrid: Editorial CCS;2016.

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